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lunes, 7 de octubre de 2013

LA GUERRA ECONÓMICA



Las guerras que tienen como trasfondo el campo económico no son nuevas, en realidad son de larga data en la historia humana y han tenido lugar entre naciones, entre emporios económicos -por ejemplo Apple y Google actualmente-  y entre grupos que se disputaron alguna vez el poder. En la actualidad el gobierno venezolano ha acusado a la oposición interna de declararle la guerra económica, con el fin expreso de expulsarle del poder; y como en todo conflicto de esta magnitud triunfará aquel que haga mejor uso de los recursos  a su disposición. En medio de todo esto, lo que nos lleva a desarrollar el presente artículo es el convencimiento de que si tal guerra económica realmente existe, el gobierno inverosímilmente parece no percatarse de que las acciones que en materia económica ha venido manteniendo e implementando hasta ahora, están jugando más en contra suya que a favor. Para ver porque esto es así ahondemos en la medida en la que el gobierno parece cifrar sus mayores esperanzas de éxito en lo económico.


FLEXIBILIZACIÓN DE LA OFERTA DE DIVISAS

Las autoridades en el corto plazo han hecho mucho énfasis en su compromiso por buscar esquemas que permitan incrementar la oferta de divisas, en la creencia de que problemas como el del desabastecimiento y del incremento especulativo de los precios de los bienes y servicios, tienen su origen en cuellos de botella que impiden la entrega oportuna de divisas a la economía. De hecho y en línea con esta creencia el gobierno liberó a las empresas en lo que resta del año, del trámite que les exigía obtener ante el ministerio respectivo el certificado de no producción (CNP).

En general cuando en una economía los gobiernos controlan el acceso a las divisas, suele ocurrir que el imponer  restricciones muy severas para acceder a ellas tenga un impacto negativo sobre el crecimiento -ejemplo de ello fue la desaceleración ocurrida en el 1er trimestre económico 2013- y es innegable que el incremento en la oferta de divisas a través del mercado oficial debería mejorar en algo la actividad económica, sin embargo, la flexibilización enfrenta al gobierno con el problema de que es materialmente imposible determinar cuánto de la demanda actual de divisas en el mercado oficial  es (i) con fines especulativos  (ii) con fines de satisfacer las reales necesidades de bienes importados que requiere una economía del tamaño de la venezolana. En cuanto a la demanda con fines especulativos, en la venezuela actual los activos reales estándar alternativos a la posesión de dinero, como son la vivienda y los automóviles, se encuentran fuera del alcance del presupuesto de la familia venezolana común, y el único activo financiero alternativo al dinero con el que cuentan las familias es la divisa -fundamentalmente el dólar- por ende el venezolano de a pie  ante una inflación anualizada a Agosto de 45,3% intenta maximizar por todos los medios sus tenencias de dólares y minimizar la posesión de bolívares,  por otro lado la tasa de retorno de poseer divisas, que no es otra que la tasa de depreciación del tipo de cambio no oficial, incentiva su tenencia dadas las ganancias de capital que pueden hacerse, puesto que el innombrable se encuentra casi siete veces por encima del oficial; esto que es válido para las familias también lo es para el empresario importador, pero con la diferencia de que este último a través de la sobrefacturación -enorme en venezuela dados los ingentes niveles de importación[1] - puede obtener ganancias derivadas de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo infinitamente mayores a las que podría conseguir cualquier economía doméstica, dados los enormes volúmenes de importación que estos empresarios suelen manejar, lo que los convierte en los principales oferentes y beneficiarios de la existencia del mercado paralelo, ¿y quién les otorga este poder? ¿Acaso grupos de origen interno o externo adversos al gobierno? Pues no, se lo otorga lamentablemente la gestión económica gubernamental a través de su defensa a ultranza del control de cambio. Por otro lado, mientras más grande sea la empresa mayor será su poder para sobrefacturar, en otras palabras quienes más se están beneficiando en la actualidad de la disparidad entre el tipo de cambio oficial y no oficial, son las grandes empresas del sector farmacéutico, del sector automotriz y del sector alimentos, precisamente aquellas empresas a las que menos se les niegan divisas bajo un control de cambio y curiosamente es en los sectores automotriz y de alimentos donde ha ocurrido mucha de la escasez. Si estos sectores estuviesen involucrados en maniobras para promover la escasez  artificialmente, la misma existencia del control de cambio los protege y les provee de argumentos para defenderse, ya que siempre esgrimirán que la escasez es producto de los retrasos en el otorgamiento de divisas por parte del sector oficial.  Por otro lado, en este país las empresas grandes, las pequeñas, las de larga tradición importadora y las oportunistas, todas sobrefacturan; y no es algo que se pueda superar mediante controles, de ser así el gobierno no estaría en estos problemas.

¿Y puede la flexibilización detener el incremento especulativo de los precios? Cuando una empresa recibe divisas a 6,30 la disparidad entre el tipo de cambio oficial y no oficial, actúa como una política que busca incentivar el que el precio de las mercancías importadas se fije en base al tipo de cambio del mercado paralelo, ya que las empresas son maximizadoras de beneficios y donde ven una oportunidad la aprovechan, además las empresas saben que es materialmente imposible para el gobierno[2]  verificar si los bienes importados al tipo oficial -ya sean bienes finales, de consumo intermedio o de capital- están siendo vendidos al tipo de cambio no oficial, ya que para ello el gobierno debería contar con un funcionario público en cada punto de todas las cadenas productivas existentes, por ejemplo para fiscalizar que los bienes de consumo final importados a través del mercado oficial se vendan en base al tipo de cambio de 6,30, tendría que tener un funcionario en cada venta de repuestos de automóviles, en cada pequeño supermercado, y en cada carnicería a todo lo largo y ancho del país, sencillamente irrealizable; por todo esto es que el tipo de cambio del mercado paralelo termina finalmente determinando los precios de todos los bienes de la economía[3] , y la situación se agudiza si el control de cambio se mantiene de forma indefinida.

En consecuencia, flexibilizar la entrega de divisas como medida aislada[4]  no detendrá el desabastecimiento ni la escalada en los precios internos -por el contrario estos males continuaran agudizándose-. Y el origen de estos problemas es atribuible en gran medida a la existencia y mantenimiento del control de cambio[5] , un esquema de acción que en modo alguno es imputable al grupo opositor al que se enfrenta la actual administración, paradójicamente quien defiende esta política y sus consecuencias negativas es el mismo gobierno, y al hacerlo le está facilitando el camino a cualquier grupo interesado en socavar las bases de su gestión.

A nuestro juicio no hay dos grupos enfrentados en una guerra económica en realidad existen tres grupos, el primero de ellos es el gobierno, el segundo el factor económico y el tercero la oposición. De estos grupos el que denominamos el factor económico es el que lentamente está minando las capacidades de la actual administración, y lo terrible es que es el mismo gobierno con su accionar y su temor a emprender un conjunto articulado de reformas que devuelvan a la economía su organicidad, quien alimenta y fortalece las consecuencias negativas del factor económico.

[1] Hay investigadores como que han propuesto formas de estimar esta sobrefacturación a un nivel agregado, no obstante, aunque pudiese calcularse todavía habría que enfrentarse al problema de cómo distribuir la sobrefacturación estimada de manera creíble sobre el continuo de las empresas. Ver McDonald, Donogh C., “Trade Data Discrepancies and the Incentive to Smuggle: An Empirical Analysis”, Staff Papers, International Monetary Fund, Vol. 32 (December 1985).
[2] Este y cualquier otro.
[3]Ya que el sector no transable también se ve distorsionado por esta dinámica.
[4] No estamos diciendo que sea una medida errónea per se.
[5]Tampoco somos de la idea de un desmontaje del control de cambio inmediato, el desmontaje debería ser una medida más dentro un programa de ajuste que permita recuperar la confianza en la gestión económica.

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